Entre septiembre de 2013 y agosto de 2014, varias menores fueron víctimas de agresiones sexuales en el este de Madrid. El agresor utilizaba un método de aproximación basado en el engaño, se ganaba la confianza de las niñas con excusas aparentemente inocentes y las trasladaba a zonas aisladas. La alarma social fue enorme. La investigación policial, combinada con técnicas de criminología geográfica, condujo a la identificación y detención de Antonio Ángel Ortiz Martínez, conocido mediáticamente como el “pederasta de Ciudad Lineal”.
Este caso es un ejemplo claro de cómo la perfilación criminal y el análisis espacial pueden convertirse en herramientas decisivas para resolver crímenes seriales.
El autor: biografía y antecedentes
Antonio Ángel Ortiz Martínez nació en 1972 en Jaén. Hijo de padres separados, vivió con su padre hasta los nueve años, momento en que se trasladó con su madre tras el diagnóstico de cáncer de su progenitor, que falleció poco después. A los quince años fue internado en un colegio del que fue expulsado a los diecisiete por escaparse.
Desde joven entró en contacto con ambientes marginales. A los diecisiete años comenzó a consumir alcohol de forma abusiva, a los dieciocho probó el LSD y entre los veinte y los veintisiete consumió cocaína. Posteriormente sustituyó los tóxicos por cócteles de anabolizantes vinculados al culturismo.
Su historial laboral fue inestable: aparcacoches, camarero, portero de discoteca, comercial, montador de escaleras mecánicas. Según declaró a los forenses, nunca duraba más de un año en un empleo. Se casó dos veces y tiene dos hijos de su primer matrimonio. Durante su primera relación consta una denuncia por malos tratos.
Su historial delictivo previo ya revelaba versatilidad criminal: robos de motocicletas en la adolescencia, un delito de salud pública a los veintiún años, y una condena en 1999 a ocho años de prisión por agredir sexualmente a una menor secuestrada a la salida de un colegio. En 2007 fue detenido por secuestro y robo con fuerza. Entre 2009 y 2010 cumplió prisión preventiva por dos atracos.
Al momento de los hechos, Ortiz tenía cuarenta y dos años y vivía con su madre y sus dos hermanas menores en el barrio de Ciudad Lineal.
Los hechos probados
La Audiencia Provincial de Madrid, confirmada posteriormente por el Tribunal Supremo, consideró probadas cuatro agresiones sexuales a menores de entre cinco y nueve años:
Primera agresión (24 de septiembre de 2013). Ortiz abordó a una menor de cinco años que jugaba sola en un parque infantil. Le dijo que conocía a su madre y que tenía que darle unas bolsas. La introdujo en un vehículo estacionado en las inmediaciones, la trasladó a un lugar no determinado, la agredió sexualmente y la abandonó en una caseta de jardinería.
Segunda agresión (10 de abril de 2014). Interceptó a una menor de nueve años a la salida de una tienda mientras estaba con dos amigas. Utilizó el pretexto de probar ropa de modelo y aseguró conocer a su madre. Le suministró tres pastillas, la trasladó a una vivienda propiedad de su madre en la calle Santa Virgilia, donde la agredió sexualmente de múltiples formas. La obligó a ducharse y la abandonó en la parada de metro de Canillejas.
Tercera agresión (17 de junio de 2014). Mediante engaños similares, trasladó a una menor de seis años a una vivienda o local no determinado. Le suministró pastillas sedantes y la agredió sexualmente. Tras ducharla, la abandonó en la calle Jazmín de Madrid.
Cuarta agresión (22 de agosto de 2014). Se acercó a una menor de siete años que jugaba con familiares en un parque. Aprovechó un momento en que se alejó de sus acompañantes y le dijo que fueran a darle una sorpresa a su abuelo. En esta ocasión, por primera vez, empleó violencia física: le tapó la boca al meterla en el coche. La trasladó a un descampado donde la agredió sexualmente y la abandonó en el lugar.
Modus operandi: el patrón del engaño
El análisis del modus operandi de Ortiz revela un patrón consistente que permitió vincular los cuatro delitos como obra del mismo autor.
Método de aproximación. En todos los casos utilizó el engaño como estrategia. Se acercaba a las víctimas con un tono amable y cercano, sin despertar sospechas entre los adultos presentes. El recurso principal era inventar una relación ficticia con los familiares de las menores: “conozco a tu mamá”, “tu madre está esperando en el coche”. Este método —clasificado por Turvey como aproximación por engaño— es propio de agresores que no suscitan desconfianza inicial ni en las víctimas ni en los testigos.
Método de ataque. Seguía el patrón del ataque trampa: atraía a las víctimas a su vehículo, estacionado previamente en las cercanías, donde las menores comprendían que habían sido engañadas. Solo en el último caso introdujo violencia física directa en esta fase.
Método de control. Variaba según la víctima: pastillas sedantes con la segunda y tercera menor, intimidación física con la cuarta. En todos los casos, la disparidad física entre un hombre corpulento y atlético y niñas menores de diez años generaba por sí misma una situación de dominio absoluto a través del miedo.
Conciencia forense. Ortiz mostraba cierto conocimiento de técnicas antiforenses: limpiaba a las víctimas tras las agresiones (obligándolas a ducharse o lavándolas él mismo), hizo limpiar exhaustivamente la vivienda de la calle Santa Virgilia, y en algunos casos suministró sedantes que dificultaban la reconstrucción posterior de los hechos. Sin embargo, cometía errores significativos: no usaba preservativo, dejaba rastros biológicos, utilizaba su teléfono móvil cerca de las escenas y no despejaba el interior de su vehículo de objetos identificables.
Evolución. El modus operandi mostró tanto evoluciones como involuciones. Entre la primera y la segunda agresión incorporó el uso de sedantes y eligió un espacio cerrado más controlado. En la cuarta, sin embargo, involucionó: no usó sedantes, cometió la agresión en un descampado con menos privacidad y abandonó a la víctima en el mismo lugar.
Perfil geográfico: la teoría de Canter aplicada al caso
La criminología geográfica fue un pilar fundamental de esta investigación. La teoría de David Canter, psicólogo forense y referente en psicología investigativa, sostiene que los delitos no ocurren de forma aleatoria sino que siguen patrones espaciales vinculados a las rutinas del delincuente.
Conceptos clave
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Mapa cognitivo. Los individuos desarrollan mapas mentales de su entorno a partir de sus actividades rutinarias. Tienen mayor familiaridad con las zonas cercanas a sus centros de actividad, y es en esas zonas donde tienden a delinquir.
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Punto de anclaje. Es el lugar desde el que el agresor parte a cometer sus delitos y al que regresa después. Generalmente coincide con el domicilio, aunque puede ser otro lugar de actividad habitual.
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Círculo de Canter. Una herramienta del mapping murder que permite representar en un mapa la ubicación de los crímenes, identificar el cluster (concentración geográfica) y estimar un “centro de gravedad” que indica la zona más probable de residencia del agresor.
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Buffer zone. Una zona cercana al domicilio donde el delincuente evita actuar para no ser reconocido.
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Marauder vs. commuter. Canter distingue entre el delincuente que opera dentro de su área habitual (marauder) y el que se desplaza desde otra zona (commuter).
Aplicación al caso
Todos los ataques se concentraron en los distritos de Hortaleza, Ciudad Lineal y San Blas-Canillejas, todos situados a corta distancia del domicilio de Ortiz en la calle Montearagón. El patrón geográfico correspondía claramente al perfil de un marauder: un cazador local que actúa dentro de su zona conocida.
El punto de anclaje de Ortiz era su domicilio familiar, y su principal centro de actividad era un gimnasio cercano al que acudía seis días por semana. La ruta entre ambos puntos atravesaba zonas con parques infantiles donde reconocía objetivos deseables (menores sin supervisión directa) y un bajo nivel de riesgo.
La concentración de los incidentes permitió aplicar el Círculo de Canter para estimar el área de residencia probable del agresor, reduciendo significativamente el área de búsqueda policial.
La investigación: Operación Candy
La Operación Candy se inició formalmente tras la segunda agresión, el 10 de abril de 2014. Los investigadores del SAM (Servicio de Atención a la Mujer) vincularon rápidamente este caso con la denuncia de septiembre de 2013.
Las primeras actuaciones se centraron en analizar los recorridos descritos por la víctima. Se concluyó que el agresor conocía bien el barrio y que abandonaba a las menores en lugares con salidas rápidas. Se elaboraron retratos robot y se revisaron las listas de delincuentes con antecedentes por delitos sexuales.
Tras la tercera agresión, el caso se clasificó oficialmente como obra de un “agresor sexual en serie”. Se intensificó la vigilancia policial, especialmente durante las vacaciones escolares. Pese a estos esfuerzos, se registró un intento de secuestro el 8 de agosto y la cuarta agresión el 22 de agosto.
Las declaraciones de las menores permitieron construir un perfil físico: un hombre de entre 1,75 y 1,85 m, de treinta a cuarenta años, musculoso, con brazos vascularizados, de aspecto agradable y posiblemente con flequillo. El detalle de las venas y la complexión atlética indicó a los investigadores que frecuentaba algún centro deportivo.
Binomios de policías vigilaron los accesos a todos los gimnasios de las zonas de las agresiones. El 27 de agosto de 2014, identificaron por primera vez a Antonio Ángel Ortiz Martínez por su parecido físico con la descripción. Al abrir su mochila del gimnasio para buscar documentación, los agentes encontraron objetos deportivos que habían sido descritos por las menores en sus declaraciones.
A partir de ahí, la investigación confirmó que las antenas telefónicas lo situaban en las zonas de los delitos durante las agresiones. Se verificó que todos los vehículos descritos por las víctimas habían estado relacionados con él. Se constató su acceso a la vivienda de la calle Santa Virgilia, que coincidía exactamente con la descripción de la segunda víctima. Y se confirmó mediante ADN que los rastros biológicos encontrados en la ropa interior de la segunda y tercera víctima le pertenecían.
El 24 de septiembre de 2014, agentes del GEO detuvieron a Ortiz de madrugada en Santander, donde se había trasladado pocos días después de ser identificado, adelantando un viaje previsto porque, según declaró a su tío, “estaba muy agobiado”.
Condena
Tras un juicio que se prolongó dos meses a puerta cerrada (desde octubre de 2016), Antonio Ángel Ortiz Martínez fue condenado por cuatro delitos de agresión sexual a menores, dos delitos de detención ilegal y un delito de lesiones. La pena impuesta fue de setenta años y seis meses de prisión, sin permisos ni beneficios penitenciarios, además de las inhabilitaciones correspondientes. Tras cumplir la pena efectiva (estimada en veinte años), deberá cumplir diez años de libertad vigilada.
Actualmente cumple condena en el centro penitenciario Herrera de la Mancha (Ciudad Real).
Conclusión: lo que este caso enseña
El caso del pederasta de Ciudad Lineal demuestra la importancia de la criminología geográfica como herramienta de investigación criminal. La teoría de Canter permitió comprender que los delitos no eran eventos aislados, sino que seguían un patrón espacial directamente vinculado a las rutinas cotidianas del agresor.
El análisis del modus operandi —especialmente el método de aproximación por engaño y la consistencia del patrón— fue clave para vincular los casos y determinar que se trataba de un mismo autor. La combinación de técnicas de perfilación criminal, análisis geográfico, vigilancia policial tradicional y pruebas forenses condujo a la identificación y condena del responsable.
En conclusión, el análisis del espacio geográfico no solo ayuda a entender dónde ocurren los crímenes, sino que puede ser una herramienta decisiva para identificar a quién los comete.
Referencias:
- Martín Rodríguez, M. (2021). Perfil criminológico de Antonio Ángel Ortiz Martínez. Revista de Criminología, Psicología y Ley, 5, 90-148.
- Canter, D. (2003). Mapping Murder: The Secrets of Geographical Profiling. Virgin Books.
- Marlasca, M. Cazaré al monstruo por ti. Relato periodístico de la Operación Candy.
- Rossmo, D.K. (2000). Geographic Profiling. CRC Press.